Un lugar especial, alejado de las multitudes y en medio de un escenario paradisíaco.
Se baja por una escalera abierta entre la vegetación de la falésia y, al pisar la arena de Cacimbinhas, aparece una estructura techada de madera con un campo de sombrillas blancas alineadas hacia el agua. Ésa es la casa. En la cocina hay ostras —es la categoría con la que se define en el mapa— y el resto del repertorio de la costa: lagosta, camarones, moquecas y peixe. Se come desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde, todos los días del año.
Escribiles y asegurate una mesa a la sombra
| Tipo | Bar y restaurante de ostras |
|---|---|
| Zona | Praia de Cacimbinhas, al pie de la falésia |
| Dirección | Av. Antonio Florencio 112, Tibau do Sul (RN) |
| Horario | Todos los días, 08:00–17:00 |
| Mesas | Salón techado sobre la arena y sombrillas en la playa |
| Servicio | En el local · para llevar |
| Estructura | Sombrilla, duchas, baños, redes de descanso y guardado de bultos, sin cargo |
| Con mascotas | Tiene espacio propio y acuerdo con alojamientos que las reciben |
| Eventos | Casamientos, cumpleaños, confraternizaciones y eventos religiosos |
| Contacto | +55 84 98871-7633 |
| @pontadobarravento |
La casa se define en el mapa como bar y restaurante de ostras, y ése es el punto de partida. Las ostras llegan abiertas sobre hielo, en plato de barro, con lima al costado: se comen con la mano, de a una, y es lo que conviene pedir primero mientras se decide el resto.
El resto es una carta larga de frutos de mar, y está escrita en su propia carta fotografiada. Se lee por bloques, y cada bloque resuelve una mesa distinta.
Es la parte alta de la carta. La lagosta aparece de dos maneras: a la plancha con papas y arroz, y en moqueca de lagosta. El camarón tiene cuatro entradas propias —a la griega, a la bahiana, moqueca de camarón y el que lleva el nombre de la casa, camarón Barravento, servido en una piña con arroz a la griega—. Hay además una moqueca mixta, que es la manera de no tener que elegir.
Del pescado salen la moqueca de peixe y el peixe a la milanesa. Para empezar, o para una mesa que llega con hambre temprana, hay caldo de camarón y caldo de peixe; y tres ensaladas —tropical, simple y de legumbres— que en una mesa de mediodía al sol valen más de lo que parecen.
No todo es mar, y eso importa cuando la mesa es mixta. Hay carne de sol, filé a la parmesana, filé al molho madeira y strogonoff de carne o de pollo; frango tropical y frango a la milanesa; y espaguetis a la boloñesa, al ajo y aceite, con camarón o con pollo. Casi todos los platos llegan acompañados de macaxeira, la mandioca que en el Nordeste va con todo.
Es el bloque que más se usa en una casa de playa: camarón a la milanesa, camarón al ajo y aceite, carne de sol con macaxeira, filé con papas, frango a passarinho, isca de peixe, calabresa con cebolla y papas. Una tabla al centro y dos horas de sombra resuelven una tarde entera sin pedir un plato principal.
La carta de bebidas está armada alrededor de la fruta. Hay caipifrutas, caipirinha y caipiroska, y una lista de tragos con nombre propio: Coco LoKo, cóctel Barravento, piña colada, cuba libre y Hula Hula. Para quien no toma alcohol hay cóctel sin alcohol, jugos por jarra o por vaso y agua de coco. Y hay cerveza, que en una mesa sobre la arena a las once de la mañana es casi una categoría aparte.
El orden natural de una mesa acá es ése: agua de coco mientras llega la sombra, una docena de ostras con lima, una caipifruta cuando el sol pega fuerte y una moqueca al centro para repartir entre todos.
La casa es una estructura de madera techada, plantada directamente sobre la arena, con el frente abierto al mar y la falésia roja levantándose detrás. Las mesas son plegables y están vestidas en verde, amarillo y azul; las sillas son blancas y se apilan al costado cuando no hay nadie. No hay nada de ceremonia: se entra con el traje de baño puesto y los pies llenos de arena.
Delante de la estructura hay un campo de sombrillas blancas alineadas hacia el agua, y ésa es la segunda sala del lugar: se puede comer en la mesa, bajo techo, o pedir a la sombrilla y comer mirando la rompiente. Desde lo alto de la falésia se ve el conjunto entero —el techo verde, las palmeras, las sombrillas y el agua turquesa— y es la postal que explica el lugar en un segundo.
El camino de entrada también dice algo. Hay un cartel pintado a mano que da la bienvenida y pide dejar las preocupaciones afuera, y un arco con el cartel de acceso a la playa. Son dos minutos de bajada entre la vegetación, con el ruido del mar subiendo.
Abre los siete días, de 08:00 a 17:00. No tiene día de cierre, y ésa es la ventaja práctica más grande que tiene: en una villa donde buena parte de las cocinas descansa uno o dos días, acá cualquier día de la semana es día de servicio.
El horario, en cambio, manda. Cierra a las cinco de la tarde, así que no es una casa de cena: es de desayuno tardío, almuerzo largo y tarde de playa. Abrir a las ocho de la mañana la pone en un lugar raro y útil —se puede bajar temprano, antes de que la playa se llene, tomar un café o un caldo y quedarse con la sombrilla desde el principio del día.
Para la playa de Cacimbinhas, además, la marea decide. Con marea baja la franja de arena delante de la estructura se abre y las mesas quedan lejos del agua; con marea alta el mar sube y el espacio se achica. Conviene mirar la tabla de mareas antes de bajar, sobre todo si se va con chicos o si se piensa pasar el día entero.
Está sobre la Avenida Antonio Florencio al 112, en la Praia de Cacimbinhas, al pie de la falésia. Desde arriba se llega en auto o en moto por la carretera que une la villa con el Madeiro, y después se baja a pie por la escalera. El cartel del acceso lo anuncia desde la entrada: es el mismo camino que usan los que bajan a la playa.
Es el extremo norte del arco de playas: si venís caminando desde la Praia do Madeiro con la marea baja, se llega por la arena. Si llegás desde Natal, desde el aeropuerto o desde otra playa del litoral, mirá las opciones de traslados para resolver el tramo hasta la zona y moverte después a pie.
Dos cosas que la casa anuncia en su propio cartel de entrada y que cambian el plan del día. La primera: la estructura de playa no se cobra. Sombrilla, duchas, baños, redes de descanso, guardado de bultos y una tienda de moda de playa están ahí para quien consume en la casa. En una playa donde cada servicio suele tener su cargo, eso simplifica la cuenta mental de la jornada.
La segunda: las mascotas entran. La casa declara espacio propio para perros y, además, acuerdo con hoteles y posadas de la zona que los reciben. Si viajás con perro, es de los pocos lugares de la costa que lo pone por escrito en la puerta.
La casa declara también que recibe a la comunidad LGBTQ+ y que se identifica como empresa de emprendedoras. Son dos atributos que la propia casa carga en su ficha, y dicen bastante sobre quién atiende y a quién espera.
Para el que quiere un día de playa completo y no sólo una comida: se baja temprano, se agarra sombrilla, se come ostras al mediodía y se sube cuando el sol afloja.
Para la mesa que viaja con perro y venía resignada a comer en la vereda: acá hay espacio para el animal y sombra para todos.
Y para el grupo que busca dónde festejar algo frente al mar sin salón cerrado: la casa trabaja casamientos, cumpleaños y confraternizaciones sobre la arena.
Sí. Los siete días de la semana, de 08:00 a 17:00. No tiene día de cierre.
No: cierra a las cinco de la tarde. Es una casa de desayuno tardío, almuerzo y tarde de playa.
Su propio cartel de entrada anuncia sombrilla, duchas, baños, redes de descanso y guardado de bultos sin cargo. Lo que se paga es lo que se consume.
Sí. La casa declara espacio para mascotas y acuerdo con hoteles y posadas de la zona que las reciben.
No. Trabaja en el local y para llevar; entrega a domicilio no.
Las ostras, que es la categoría con la que la casa se define. Después, de su carta: lagosta a la plancha o en moqueca, camarón Barravento servido en la piña, moqueca mixta, o una tabla de petiscos para compartir.
Por una escalera abierta entre la vegetación de la falésia, desde el acceso señalizado sobre la Avenida Antonio Florencio. Son un par de minutos a pie.
Sí. La casa anuncia espacio para casamientos, cumpleaños, confraternizaciones y eventos religiosos.