Ambiente acogedor y mucho estilo en la avenida principal de Pipa. Café - Almuerzo - Cena
Sobre la Avenida Baía dos Golfinhos, en el número 578, hay una entrada de madera con techo a dos aguas, una silla colgante de mimbre y el cartel naranja de Tamariz al borde del cordón. Adentro el techo es de varas de bambú y de él cuelgan lámparas de mostacillas tejidas en rojo, azul y amarillo, sobre mesas de madera con individuales de fibra. Es el restaurante del Hotel Pipa Atlântico y trabaja desde el desayuno hasta la noche, con cocina de pescado, carnes y entradas para compartir.
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| Tipo | Restaurante · desayuno, almuerzo y cena |
|---|---|
| Zona | Avenida Baía dos Golfinhos, Praia da Pipa |
| Dirección | Av. Baía dos Golfinhos 578, Tibau do Sul (RN), 59178-000 |
| Está en | Hotel Pipa Atlântico |
| Mesas | Salón techado con bambú y barra propia; terraza cubierta sobre la avenida |
| Servicio | En el salón · para llevar · delivery |
| En la carta | Entradas para compartir · pescados · carnes · pastas · desayuno |
| Carta digital | Código QR en la mesa |
| Contacto | +55 84 99674-0664 |
| Web | tamarizrestaurante.com.br |
| @tamarizrestaurante |
Tamariz cubre el día entero: café, almuerzo y cena, tal como lo anuncia la casa en su propio perfil. Eso cambia la forma de usarlo. No es un restaurante al que se va una vez; es uno al que se entra tres veces distintas.
Las entradas están pensadas para el centro de la mesa. Salen los chips de raíz finitos, servidos en canasta de mimbre con un bol de salsa verde para mojar; las bruschettas de pan tostado con jamón crudo, salame, queso y aceitunas verdes; las papas rellenas gratinadas, doradas al horno y terminadas con una rama de romero; y un bolinho empanado con cobertura de geleia roja que viene en el mismo plato.
Entre las entradas frías está el tartar de pescado sobre palta, servido en bloque con sésamo negro por encima y tostadas de pan al costado. Es la entrada más vistosa de la casa y la que más se comparte.
La cocina trabaja con tres frentes. Del mar sale el pescado dorado con tomates cherry y cebolla por encima, acompañado de un risotto amarillo con camarones; y los camarones servidos en fila sobre un puré cremoso, con una torre de farofa al lado para romper encima.
De la carne: filé acebolado, tiras de bife salteadas con cebolla y su jugo, con papas fritas al lado; y filé à parmegiana, la milanesa cubierta de salsa de tomate y queso derretido sobre un nido de espaguete. Son los dos platos de siempre, bien hechos.
A la mañana el salón cambia de cara. Sale café negro en taza con plato, huevo frito, la tortilla dorada doblada al medio y la panadería de la casa: bizcochuelo de chocolate, tarteleta de crema y hojaldre con azúcar impalpable. Es el desayuno con el que empieza el día cualquiera que se hospede en el hotel, pero también puede entrar el que viene desde la calle.
La barra está al fondo del salón y se reconoce de lejos: el estante de copas colgadas boca abajo, las botellas iluminadas contra la pared y la máquina de café al costado. Desde ahí salen los tragos de la noche, el vino de la cena y el café expreso del final.
Durante el día la bebida que más circula es el jugo de fruta en copa alta, bien frío, que llega antes que el plato. Y si venís a la tarde, el café se pide en la mesa igual que a la mañana: acá nadie mira el reloj para servirlo.
Lo primero que se ve son las lámparas de mostacillas. Son cilindros tejidos a mano en rayas rojas, azules y amarillas, con flecos de cuentas colgando, y hay una sobre casi cada mesa. Cuelgan de un techo de varas de bambú atadas, sostenido por vigas negras, y el conjunto le da al salón un color que no se parece a ningún otro de la avenida.
Las mesas son de madera oscura con individuales redondos de fibra naranja; las sillas, de madera y mimbre rojo. Las paredes son amarillas en el sector de la barra y, del otro lado, un panel con relieve ondulado separa los ambientes. Hay mamparas de vidrio que dejan ver la cocina y el salón de atrás, y plantas en las esquinas. Por los ventanales entra la luz de la avenida.
Afuera, la entrada es un pórtico de madera con teja, con una silla colgante de mimbre a un costado, canteros de plantas y el cartel naranja sobre la vereda. Da directo a la calle de piedras.
Tamariz trabaja los tres momentos del día, así que la pregunta no es si está abierto sino para qué vas. A la mañana es el lugar del café largo y la panadería. Al mediodía, de almuerzo con plato principal. A la noche se enciende: las lámparas de mostacillas iluminadas contra el bambú hacen que el salón se vea distinto, y la entrada queda alumbrada desde la avenida.
La avenida es la calle más transitada de Pipa y el movimiento sube con el sol puesto. Si querés cenar tranquilo, conviene entrar temprano; si querés la Pipa despierta, entrá tarde. Escribirles antes es la forma más rápida de saber cómo está el salón.
Hay un detalle que conviene tener en cuenta: como la casa también prepara para llevar y entrega a domicilio, la noche de lluvia tiene solución sin salir. Y como sirve desayuno, el día siguiente arranca en el mismo lugar donde terminó el anterior, que para el que se queda unos días en la avenida es la diferencia entre caminar y no caminar.
Está en la Avenida Baía dos Golfinhos 578, dentro del Hotel Pipa Atlântico, sobre la calle principal de la villa. Se llega caminando desde cualquier punto del centro: la avenida es la espina de Pipa y todo cuelga de ella.
Desde la puerta se baja a la Praia da Pipa en pocos minutos, y la avenida lleva su nombre por la Baía dos Golfinhos, que queda al sur. Si llegás desde Natal o desde el aeropuerto, resolvé el traslado antes con las opciones de transfers.
La casa también entrega a domicilio y prepara para llevar, así que la cena puede terminar en la posada.
Para el que se hospeda cerca y quiere resolver el día. Desayuno, almuerzo y cena en el mismo lugar, sobre la avenida, sin tomar ningún transporte.
Para una mesa que quiere picar antes del plato. Las entradas —chips, bruschettas, papas rellenas, tartar— están armadas para el centro y alcanzan para empezar de a varios.
Para el que busca cena con salón. No es una mesa en la vereda: es un salón grande, con techo, barra y luz propia, que a la noche se ve bien.
Sí. La casa se define como café, almuerzo y cena, y a la mañana salen café, huevos, tortilla y panadería propia.
No. Tamariz funciona dentro del Hotel Pipa Atlântico, pero tiene entrada propia desde la Avenida Baía dos Golfinhos y atiende a quien llega de la calle.
Sí. Además de la mesa en el salón, la casa trabaja para llevar y con entrega a domicilio.
Hay un soporte en la mesa con un código QR que abre la carta digital de la casa.
Los chips de raíz con salsa verde, las bruschettas con fiambres y aceitunas, las papas rellenas gratinadas y el tartar de pescado con tostadas: todas vienen en plato o canasta para el centro de la mesa.
Hay los dos. Del mar salen el pescado dorado con risotto y los camarones sobre puré; de la carne, el filé acebolado con papas y el filé à parmegiana con espaguete.
Sí. La barra está al fondo del salón, con las copas colgadas boca abajo, las botellas contra la pared y la máquina de café al costado. De ahí salen los tragos, el vino y el expreso.
La panadería de la casa: bizcochuelo de chocolate, tarteleta de crema y hojaldre con azúcar impalpable, que aparecen en el desayuno y acompañan el café.
El salón es techado y la entrada tiene un pórtico cubierto sobre la avenida. Se come bajo techo, con las lámparas de mostacillas encima.