En Terramar usted encontrará lo mejor de la cocina brasileña, pescados, langosta, mariscos, pastas, pizzas, aperitivos y mucho más!
Hay una terraza de madera en alto sobre la Avenida Baía dos Golfinhos, con baranda, vegetación por delante y, pasando las copas de los árboles, la franja del mar. Las mesas están puestas con individual, servilleta de tela roja y aceitera, y la cocina es de frutos de mar. Se come ahí desde las once de la mañana hasta medianoche, todos los días del año, así que la cena con el mar a la vista no depende del día que te toque en Pipa.
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| Tipo | Frutos de mar |
|---|---|
| Zona | Avenida Baía dos Golfinhos, Praia da Pipa |
| Dirección | Av. Baía dos Golfinhos 585, Praia da Pipa, Tibau do Sul (RN) |
| Horario | Todos los días, 11:00–00:00 |
| Mesas | Terraza de madera al aire libre, elevada, con el mar a la vista |
| Reservas | Sí, acepta |
| Servicio | Mesas al aire libre · en el salón · para llevar · delivery · entrega sin contacto |
| En la carta | Buffet de ensaladas · platos orgánicos · opciones vegetarianas · postre |
| Con chicos | Apto · sillitas altas · menú infantil |
| Wifi | Gratis |
| Contacto | +55 84 99498-8244 |
| @terramar.praiadapipa |
Es una mesa de restaurante, con servicio de mozos y la mesa armada de antemano: individual, plato, cubiertos y servilleta de tela doblada, canasta de servilletas de papel, aceitera y vinagrera a mano. Se entra, te sientan y se come sentado el tiempo que haga falta.
La cocina es de frutos de mar, y el formato que muestran sus fotos es el de la costa nordestina: la pieza principal llega en olla de barro, en caldo, apoyada sobre una tabla de madera, con tiras de morrón y verde picado por encima; al lado, en cuencos de barro, el arroz y un puré espeso de color naranja. Es un plato que se sirve al centro y se reparte, más que una porción individual cerrada.
Eso define cómo conviene pedir: una mesa de dos o tres pide la olla al centro y reparte los acompañamientos. Es cocina de cuchara y de sobremesa, no de plato rápido, y encaja con el horario largo que tiene la casa. Hay almuerzo, cena y postre, con atención en barra además de las mesas con mozos: si llegás solo o a esperar, el mostrador alcanza.
La casa declara buffet de ensaladas, y en una cocina de frutos de mar eso cambia bastante: al lado de la olla de barro hay verde para servirse, que es justo lo que se busca después de tres días de comida de playa. Declara además platos orgánicos y opciones vegetarianas, así que una mesa mixta no tiene que negociar. Y hay porciones chicas y comida rápida en la misma carta: se puede entrar a comer algo suelto sin plato principal.
Además de la terraza, la casa trabaja para llevar, con delivery y entrega sin contacto. Es la salida para la noche en la que no se quiere salir del apartamento y se quiere comer frutos de mar igual.
Hay bar en el local y la carta está declarada entera: vino, cerveza, coctelería, destilados y café. Hay también happy hour, que en una terraza orientada al mar tiene una hora obvia: la del final de la tarde, cuando la luz baja sobre el agua y la mesa todavía no pasó a cena.
En la mesa de sus fotos hay vino: una botella de tinto y una de blanco abiertas al mismo tiempo, con copa de pie para cada una. Acá el vino se pide por botella y se sirve en la mesa. Con una olla de frutos de mar al centro y dos copas servidas, el almuerzo se convierte en tarde y la cena en noche larga.
El local se describe con cuatro palabras y las cuatro apuntan al mismo lado: acogedor, casual, romántico y tranquilo. Es la combinación que define una cena de dos: se entra sin producirse, no hay que levantar la voz para hablar y la mesa se puede estirar. Hay wifi gratis y baño, dos cosas que en una sobremesa larga importan más de lo que parece.
La terraza es de madera y está en alto. Hay una baranda corrida en el borde y un poste que sostiene el techo, y por delante crece la vegetación: las mesas miran hacia las copas de los árboles y, detrás, al mar. La luz que entra es verde y filtrada, y el mar aparece como una franja clara al fondo.
Las mesas y las sillas plegables son de madera oscura, y el rojo de las servilletas de tela pone el color fuerte del conjunto. Están puestas en dos hileras paralelas a la baranda, de manera que casi todas quedan orientadas hacia afuera. Esa disposición es deliberada: la terraza está armada para mirar.
Y lo que se mira, en sus propias fotos, es esto: la rompiente adelante y una decena de lanchas fondeadas sobre el agua, vistas desde arriba. Es la postal del movimiento marítimo de la Praia da Pipa, y desde la terraza se sigue sin levantarse de la silla.
Abre los siete días, de 11:00 a 00:00. Trece horas seguidas, sin cerrar entre almuerzo y cena, y sin un solo día de descanso en la semana. Esa es la ventaja práctica más grande que tiene: en una villa donde buena parte de las cocinas cierra uno o dos días, acá cualquier día de la semana es día de servicio.
Para la vista, la hora manda. Si querés ver el mar y las lanchas, hay que llegar con luz: de once a cinco se ve todo, y la terraza es de almuerzo largo. Si lo que buscás es la cena, la cocina sigue hasta medianoche, y la mesa pasa a ser de noche abierta, con el sonido del mar abajo y las luces de la avenida detrás.
En el medio queda el happy hour, que la casa declara, y que en esta terraza cae justo entre los dos servicios. Y para el otro extremo del día hay comida tarde a la noche: se puede entrar a las doce del mediodía bajando de la playa o a las once de la noche cuando ya cerró media villa, y en los dos casos hay cocina trabajando. Para la última noche del viaje, cuando los horarios se descontrolan, eso resuelve la cena.
Está sobre la Avenida Baía dos Golfinhos al 585, la calle principal de la Praia da Pipa. Se llega a pie desde el centro de la villa por la propia avenida, sin desviarse, y la terraza queda por encima del nivel de la calle, que es lo que le da la altura y la vista.
Desde la Praia da Pipa se sube por la misma avenida, así que entra bien en el camino de vuelta de la playa, antes de pasar por el alojamiento. Si llegás desde Natal, desde el aeropuerto o desde otra playa del litoral, mirá las opciones de traslados para resolver el tramo hasta la villa y moverte después caminando.
Esta es la parte que no se ve en las fotos y que decide un viaje en familia. La casa declara que es apta para chicos, que tiene sillitas altas y —el dato que casi nunca aparece— menú infantil. Las tres cosas juntas, en la misma dirección.
En la práctica significa que no hay que armar nada: el chico tiene dónde sentarse, hay un plato pensado para él y, si no come frutos de mar, el buffet de ensaladas y las porciones chicas resuelven el resto. Con el horario corrido de trece horas, además, se puede almorzar temprano o cenar a las seis, que es cuando una familia come de verdad.
Para la pareja o la mesa que quiere cenar con el mar a la vista: el local se describe como romántico y tranquilo, acepta reservas y la terraza está armada hacia afuera.
Para una familia: sillitas altas, menú infantil, buffet de ensaladas y una terraza al aire libre donde el ruido no molesta a nadie.
Y para el que llega tarde —un vuelo demorado, una tarde que se estiró en la playa— y necesita un lugar con cocina abierta hasta medianoche, cualquier día de la semana.
Sí. Los siete días de la semana, de 11:00 a 00:00. No tiene día de cierre.
Atiende hasta medianoche, todos los días.
Sí. La terraza está en alto y las mesas miran hacia afuera: por delante hay vegetación y, detrás de las copas de los árboles, el mar.
Acepta reservas, así que conviene avisar: en temporada alta, para la cena o si querés una mesa orientada al mar, se reserva por WhatsApp al +55 84 99498-8244.
Sí, y también platos orgánicos y buffet de ensaladas, los tres declarados por el local.
Sí. Declara sillitas altas y menú infantil, además de ser apto para chicos.
Las dos cosas, con entrega sin contacto, además del servicio en la terraza y en el salón.
Sí, wifi gratis.
Sí, tinto y blanco por botella. Hay además cerveza, coctelería, destilados, café y happy hour, con bar en el local.